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Madagascar no es África, no es Asia, no es nada de lo que te esperas. Es un mundo aparte, una isla gigante donde la naturaleza decidió hacer lo que le dio la gana: árboles que parecen de otro planeta, piedras que pinchan el cielo y bichos que no sabías que existían.
En este viaje en grupo a Madagascar recorremos la isla sin prisas, con espíritu de aventura y muchas ganas de dejarnos sorprender. Bajamos por el río Tsiribihina en barca, entre cocodrilos que asoman y niños que saludan desde la orilla. Dormimos bajo las estrellas y aprendemos que en este país lo imprevisible forma parte del plan.
Seguimos fuerte, con los Tsingys de Bemaraha, un laberinto de agujas de piedra afiladas donde caminar es un pequeño desafío y una gran aventura. Luego bajamos el ritmo con la Avenida de los Baobabs, uno de esos lugares que parece que te metiste en un salvapantallas. Tranquilo, es real. Y es aún mejor al atardecer.
Pero Madagascar es mucho más. En este viaje en grupo a Madagascar no vamos a ver lemures en un zoo, vamos a buscarlos en la selva, vamos a perdernos en la selva tropical de Ranomafana, vamos a caminar entre los cañones del parque de Isalo que esconden oasis. Caminatas suaves, baños inesperados, gritos de lemur y caminos de tierra que nos llevan a pueblos. Y muchas, muchas fotos. La gente te saluda como si te conociera de antes, los mercados huelen a especias y los caminos siempre llevan a algún lugar inesperado.
Este viaje alternativo es para los que disfrutan con la naturaleza en su versión más salvaje, cuando no pasa nada cuando no hay wifi y cuando se come lo que haya.
Porque Madagascar no es fácil, pero compartiendo el viaje con un grupo pequeño que viene con la idea de vivir Madagascar como se merece, es imposible olvidarla.
¿Te animas a descubrirla?


Si te gusta la naturaleza salvaje, la improvisación, compartir ruta con gente con buen humor y dejar que cada día sea una sorpresa, este viaje de aventura a Madagascar es para ti.
Durante el viaje dormiremos en alojamientos sencillos, unos con ducha caliente, y quizás, otros no. Y en el río Tsiribihina, sin ducha, pero en el hotel del millón de estrellas. Nos moveremos en 4×4 por carreteras que a veces parecen más ideas que caminos haciendo trayectos largos donde pasaremos muchas horas saltando en el asiento del coche. Muchas. Quien avisa no es traidor.
La comida es local, improvisada muchas veces. Donde haya arroz, hay cena, y sí: las brochetas de cebú en la carretera son religión. Si te gusta comer lo que haya, cuando haya, vas bien. Si necesitas menú con foto… no es el sitio.
En este viaje no se viene a tenerlo todo previsto, sino a vivirlo todo como venga. Y eso, en Madagascar, es una promesa de aventura con todas las letras.



Hoy el viaje a Madagascar ha tomado un nuevo rumbo. Hemos dejado atrás la carretera y nos hemos adentrado en el río Tsiribine, navegando en una barca de madera que cruje con cada movimiento. El agua marrón avanza despacio, y con ella nosotros, en este viaje en grupo a Madagascar atravesando una zona perdida de Madagascar. A cada orilla, van surgiendo aldeas diminutas donde los niños nos saludan, las mujeres lavan la ropa y los hombres reparan redes de pesca.
El sol cae fuerte sobre nosotros, y el calor se mezcla con el olor húmedo del río. A veces el silencio y el ritmo de la corriente son suficientes para avanzar. Este viaje alternativo es también un viaje hacia lo simple: un banco de arena y un tronco arrastrado por la corriente se convierte en nuestra mesa improvisada para el picnic, y una sombra bajo un árbol, en nuestro descanso perfecto. Mientras el grupo charla y bebe una cerveza caliente, me doy cuenta de que, más allá de los paisajes, lo que hace especial esta travesía es la sensación de formar parte, aunque sea por un instante, de la vida que fluye a lo largo del Tsiribine.
No pasa nada, tenemos más viajes con estilos parecidos que seguro te van a encantar.
¡Échales un ojo!